Lo que comenzó como una idea terminó convirtiéndose en Stop.Venezuela, el negocio al que hoy se dedican a tiempo completo Firas Askoul y Crismar Flores, una pareja venezolana que decidió invertir sus ahorros para emprender en Gainesville.
Askoul y Flores, ambos de 36 años, son de Mérida, Venezuela, donde se graduaron de Derecho en 2015. Ella ejerció como abogada, mientras él se dedicó al comercio.
En 2019 llegaron a Estados Unidos y se quedaron en Nueva York. Askoul trabajó haciendo entregas a domicilio y Flores en supermercados, restaurantes y cafeterías.
Tras el nacimiento de su hijo, decidieron mudarse a Gainesville en 2023.
Fue allí donde surgió la idea de vender perros calientes venezolanos, una comida que ambos extrañaban de su país.
“Todos los días de la vida podemos comer perro caliente y somos felices”, dijo Askoul. “Y aquí no había esa costumbre de ir a un puesto de perros en la calle”.
Askoul comenzó preparando perros calientes para familiares y amigos, mientras Flores experimentaba con las salsas caseras.
“Llegar a todas las salsas fue bastante cómico porque era hacer todos los sábados frasquitos de prueba para llegar al sabor que queríamos”, dijo Flores.
Después de pasar meses probando y perfeccionando sus recetas, en enero de 2025 decidieron comprar todo lo necesario para empezar el emprendimiento.
“Al principio da miedo, da mucho miedo salir de lo seguro de tener tu trabajo, de tener tu sueldo”, dijo Flores.
Stop.Venezuela abrió en marzo de 2025.
Durante los primeros meses, Flores continuó trabajando como mesera y después de cada turno ayudaba a su esposo en el puesto, mientras ambos cuidaban a su hijo.
“Era mucho sacrificio al principio, hasta que nos estábamos agotando los tres con el niño”, dijo.
Con el tiempo, las ventas permitieron que dejara su empleo para dedicarse por completo al negocio.
Hoy, Askoul prepara y sirve los perros calientes, mientras Flores se encarga de los ingredientes, las salsas y la administración.
El puesto se ha convertido en un lugar donde venezolanos y personas de otras nacionalidades se reúnen para disfrutar de esta comida callejera.
“Es un lugar bonito donde tú llegas y te sientes un calorcito así de Venezuela, de que todo el mundo está hablando, todo el mundo se conoce”, dijo Flores.
Jeremy Hernández, uno de sus clientes venezolanos, dice que desde que abrieron, no ha dejado de ir.
“Este primer mordisco sentí que mordí un pedacito de Venezuela”, dijo Hernández.
Recientemente, abrieron una segunda ubicación cerca de la Universidad de Florida para llegar a más clientes.
Ahora, esperan tener un camión de comida más grande que les permita ofrecer otros platos venezolanos, como hamburguesas y pepitos.
“ Es mi meta, pero voy con calma, dando un paso a la vez”, dijo Askoul.